Clara, nerviosa, comenzó a buscar su nombre:
- ¿Donde estará?¿estará aquí?-
yo, la miré y le contesté :
-Si buscas tu nombre esta en la mesa de los tíos-
- Ya lo se, ya me había visto
- ¡Seras idiota si llevabas media hora buscándolo!
- Pues no porque estaba mirando otra cosa.
La dejé con sus asuntos y pasé de ella totalmente. Mientras yo pensaba en mis cosas, mi hermana saltaba entre las mesas como una loca y al final gritó:
-¡Bieeeen ! aquí estoy- me dió tal vergüenza que rápidamente le repliqué:
-¡ Bieeeen!!¿ qué has descubierto?¿ América?- a su alrededor se oyó un murmullo de risas. Mi hermana se sentó mirándome con cara malvada mientras yo también me reía.
Cuando estábamos sentados en la mesa, de repente una música penetrante empezó a sonar. Me di cuenta que eran los camareros que entraban con las bandejas de comida llenas hasta arriba. A Clara le pusieron una pata de cordero con patatas, ella tenía hambre y acto seguido empezó a comer como una cerda en una pocilga, cogió la pata con las manos y le pegó varios bocados, llenándose la boca hasta las trancas y yo como no podía soportarlo le repliqué:
- Cochina ¿no sabes comer como las personas?
- Si ya lo hago, lo estoy haciendo como los demás - yo miré a mi alrededor y me di cuenta de que me tomaba el pelo y que ella era la única cerda de aquel lugar.
- Ja,ja,ja-soltó una gran carcajada con toda la boca llena de esa pasta de carne y patatas.
- ¡Qué asco !- pensé
El segundo plato nos lo sirvieron al momento de acabar el angustioso primero. Era pescado, y tenía muy buena pinta. La dorada estaba muy buena y, esta vez sí , la Cerda ¡perdón! mi hermana, se la estaba comiendo con tenedor y cuchillo, pero de pronto le vino un repentino estornudo y toda la comida que llevaba en la boca fue a parar a mi vestido negro adornado con una flor blanca. Me levanté muy enfadada y fui a quitarme toda esa asquerosa pasta del vestido.
Cuando entré, un retumbante silencio inundaba todo el baño, me miré al espejo y curiosamente apenas tenía nada en el vestido y ni me lo limpié. Me quede atónita porque pensaba que llevaba restos pero se me habrían caído al andar camino del baño, no lo se.
Al salir del baño me encontré con algo peor. El camarero estaba lanzando desde la puerta de la cocina las tartas con mucha maña pero como si fueran frisbees al tiempo que decía:
-tarta va... para la señora "empaná" - y lo lanzó a la derecha
-tarta vuela ... para la abuela - y lo envió a la mesa
-tarta baja... para la mujer que trabaja- y llegó hasta la mesa de los novios
-tarta flota .... para la niña idiota- y la lanzó justo a la mesa donde estaba mi hermana
Todo el mundo se rió porque sabían, naturalmente, se refería ella. Entonces llamé su atención para que me mirara y se despistase de la tarta que se le venía encima:
-¡ Cuidado,Clara, cuidado!- grité con fuerza y conseguí distraerla.
-¡Plafff!..- hizo el dulce en toda la cara de Clara.
Toda la gente estalló en carcajadas pero ella atrapó un palto y me tiró otra porción a mi y sin apenas darnos cuenta todos los invitados se estban lanzando pasteles de todo tipo a la cara, a los ojos, a los escotes, a los bigotes... ¡a todo el cuerpo! Era un frenesí, la tomatina de Buñol, la batalla del merengue...
Sofocadísima, me fui al baño para protegerme y quitarme la tarta de la cara pero cuando me miré al espejo...
¿No tenía nada? estaba tan limpia como si nada me hubiera alcanzado.
Entonces salí fuera a comprobar que todo el mundo estaba pringado de arriba a abajo pero para mi sorpresa, los convidados charlaban con toda tranquilidad, ni siquiera habían servido el primer plato y estaban picando los primeros entrantes del banquete.