jueves, 27 de mayo de 2010

Memorias de un hilador

Hasta hace poco tiempo las mujeres de los hiladores escaldábamos y repulíamos el algodón para dejarlo apunto para la hilatura.

Conseguíamos de ocho a doce chelines a la semana aún después de cocinar y atender nuestras familias. Pero en la actualidad ya ninguna trabajamos así porque la máquina de vapor, ¡El diablo! abre el algodón. Por esa razón nosotras estamos desocupadas a no ser que vayamos a la fábrica durante todo el día por cuatro o cinco chelines a la semana.

En otro tiempo nuestros maridos si no se ponían de acuerdo con el patrono podían buscar otro, pero en pocos años han cambiado las cosas: han entrado en uso las máquinas de vapor. Consigue un articulo más comerciable que el pequeño artesano era capaz de producir al mismo precio.

La consecuencia final ha sido la ruina de todos nosotros y el gozo del capitalista.