viernes, 28 de mayo de 2010
El diario violeta de Carlota
Es el tercero que leo de esta autora y me ha impresionado. Con él he aprendido que, aunque, hoy en día, no nos demos cuenta sigue habiendo discriminación contra las mujeres.
A veces, estas situaciones son invisibles debido a que hay gran diferencia entre lo que se dice de la igualdad y su verdadero cumplimiento.
Leed conmigo este fragmento:
Valentina
-¡Ay!- exclamó Timidina.
-¿Qué pasó?- dijo Valentina. Un murciélago había volado por encima de ellas.
Luego regresaron a casa y oscureció. Se fueron a dormir. Al subir las escaleras, los peldaños traqueteaban mucho. Después se acostaron en la habitación verde, que era la preferida de Timidina. Pero al día siguiente Valentina no la vió en su cama. Se fue a buscarla porque era raro que no estuviera durmiendo, pues era muy dormilona. Decidió entrar en otra habitación, que era de color azul y allí se la encontró. Entonces la despertó y le dijo:
-¿Qué haces aquí?
-¿Aquí? ¿Donde estoy?
-Estás en la habitación azul. ¿Cómo te has pasado hasta aquí si estabas en la habitación verde conmigo?
-No se cómo he llegado aquí.- afirmó Timidina, con angustia.
Cuando llegó la noche volvieron a dormir en la habitación verde pero esta vez Valentina le propuso:
-¿Por qué no cerramos la puerta con llave y me la guardo bajo la almohada?
Al día siguiente, cuando Valentina se levantó y no vió a su amiga, se asustó.
-¡Cómo había salido!- pero observó que la llave no estaba.
Atemorizada salió a buscar a la chica, la encontró en la habitación roja y la despertó:
-Eres tú la que ha abierto, pues la llave esta aquí sobre la mesa.
-No se cómo lo he hecho otra vez para resultar aquí ¡No he sido yo! - exclamó Timidina pero Valentina desconfiaba. Y por eso a la noche siguiente quiso poner a prueba su sinceridad y colocó una cinta roja entre el canto y la puerta.
A media noche observó que Timidina había vuelto a desaparecer y entonces se acercó rápidamente a comprobar si la cinta continuaba en su sitio y efectivamente el retalito estaba intacto. Abrió la puerta, miró hacia los lados y descubrió a su amiga, la llamó para despertarla y pedirle explicaciones de cómo había abierto la puerta sin que se cayera la cinta.
Sin embargo como no respondía, corrió hacia ella para agarrarla del brazo. Pero al intentarlo su mano traspasó el cuerpo y no pudo tocarlo. Valentina se quedó lívida de pánico. Ese mismo día regresó a su casa y no volvió más.
jueves, 27 de mayo de 2010
Memorias de un hilador
Conseguíamos de ocho a doce chelines a la semana aún después de cocinar y atender nuestras familias. Pero en la actualidad ya ninguna trabajamos así porque la máquina de vapor, ¡El diablo! abre el algodón. Por esa razón nosotras estamos desocupadas a no ser que vayamos a la fábrica durante todo el día por cuatro o cinco chelines a la semana.
En otro tiempo nuestros maridos si no se ponían de acuerdo con el patrono podían buscar otro, pero en pocos años han cambiado las cosas: han entrado en uso las máquinas de vapor. Consigue un articulo más comerciable que el pequeño artesano era capaz de producir al mismo precio.
La consecuencia final ha sido la ruina de todos nosotros y el gozo del capitalista.
martes, 25 de mayo de 2010
Las mujeres y el trabajo a domicilio
Por eso, tenemos hijos más pronto para que así más miembros de la familia puedan trabajar como mano de obra infantil.
A las mujeres nos ha afectado en el aprendizaje tenemos bastante habilidad. Muchos niños y niñas estan siendo educados para ayudar, las niñas sobretodo compaginan el trabajo en casa con empleos industriales. Esta situación nos ha aportado destreza específica y laboriosidad.
(Mary, Tania y Cristina)
domingo, 23 de mayo de 2010
El llanto
Era un día tranquilo , con sol y pocas nubes. Un chaval llamado Alex iba a casa de su amigo Kelvin ya que hacía tiempo que no se veían porque al terminar el instituto se tuvieron que ir a distintos pueblos.
- ¡Eh loco! ¿donde estás?
-Estoy en la esquina de la gasolinera de la carretera principal – le contestó Alex
-Vale –dijo Kelvin
-No tardo-finalizó la conversión
Alex con toda la prisa del mundo aceleró su pedaleo y de pronto se le cruzó un coche y le hizo dar vueltas de campana, sin embargo el se levantó con paciencia y volvió a la carretera y siguió con su camino pero notó un dolor nuevo en la espalda y quejándose ante sí mismo con gestos de lamento. Siguió en la bici pero iba más lento que antes así que se bajó y sonó su teléfono:
- ¿Donde estás? - preguntó Kelvin
- Estoy casi en tu casa - respondió Alex .
- ¡ Vale! dáte prisa- dijo Kelvin y colgó
En seguida se bajó de la bici y llegó andando a casa de Kelvin.
Alex tocó el timbre pero no salía nadie y volvió a tocar .
Por finKelvin bajó y se fueron a caminar pero Alex no podía porque le dolía la espalda y le pidió a Kelvin:
- Hazme una foto de la espalda que yo no puedo vérmela.
- Vale tío, ahora te la hago cuando le inserte la tarjeta de memoria en la cámara.
Kelvin le sacó la foto y se la mostró a Alex. Éste al mirarla lanzó un gritó porque en la foto se apreciaba una pequeña joroba. Se fue a casa porque estaba preocupado por lo que se había descubierto en la espalda. En casa se quitó la camiseta y se miró en el espejo del baño. La chepa había aumentado y en la piel se abría una profunda grieta. Del susto se desmayó y cayó de bruces en el suelo.
De madrugada, a través de la pared, la vecina de al lado escuchó, claramente, el llanto de un bebé.
viernes, 21 de mayo de 2010
El Taller artesano

Mi hermano Joan trabaja como aprendiz en un taller artesano de la ciudad de Alicante. Está dirigido por un maestro y dos oficiales, que se dedican a la fabricación de objetos de metal. Pertenece al gremio de los herreros.
Joan es un simple aprendiz pero intentará llegar a maestro y montar su tienda aunque es díficil pasar las pruebas, conseguir los avales y sobretodo ser aceptado por el gremio. Sin embargo no existe la libertad de industria porque la cantidad, la calidad, el proceso de fabricación e incluso el precio de venta están regulados.
A mi me encantaría trabajar en un carpintería pero nunca podré ser oficial por el mero hecho de ser mujer. Para nosotras es díficil que te acepten para trabajar pero es imposible llegar a maestro porque no nos está permitido.
¿Algún día cambiará esta situación?
jueves, 20 de mayo de 2010
Juicio por los Cercamientos (hablan los campesinos)
No queremos que se queden con dichos terrenos ya que éstos nos permiten mantenernos a nosotros y a nuestras familias en medio del invierno. Gracias a ellos podemos comprar a los ganaderos partidas de animales jóvenes y delgados a un precio razonable para luego engordarlos y venderlos en el mercado a un precio más moderado. Las vacas y ovejas pastan con total libertad en esos campos
Si los cercamientos se llevan a cabo, el resultado más desastroso será con toda seguridad la casi total despoblación del terreno.
-Tendremos que emigrar a las grandes ciudades industriales- exclamaron desesperadas las mujeres.
-Nuestra vida se degradará porque nos quedaremos sin tierra.
- Decís progreso cuando en realidad deberíais decir robo legal.
Juicio por los cercamientos (hablan los terratenientes)
El juez ha escuchado a ambas partes:
- Nosotros los terratenientes aseguramos que son muchos los beneficios y ventajas de un total cercamiento de los campos comunales.
- Dariamos la oportunidad de producir inestimables resultados: con la ayuda de habiles ganaderos la cria de ovinos y bobinos de una raza mucho mejor que las que hay habitualmente -añadía otro.
-Teniendo el ganado en zonas cercadas conseguiremos mantener un número mayor de animales con la misma cantidad de alimento.
-Una tierra incultivada se convertiría en la mas risueña de las zonas - aseguraban
-Habría una gran extensión y variedad de trabajo en la que trabajariais vosotros los campesinos.
-Pocos años despues una vez organizado el sistema agricola se podria alimentar y dar trabajo a una población notablemente aumentada- concluyó el último.
lunes, 17 de mayo de 2010
Ciudad misteriosa
Dos jóvenes extranjeros salían a dar un paseo, cuando vieron a un montón de gente y se acercaron.
Escay y Flora que nunca habían visto lo que ante sus ojos se perpetraba.
-¿Sabes lo que es todo esto?- Susurró para que no se enteraran los demás, querían evitar que les miraran con ojos extraños.
Flora que estaba igual de asombrada que él, sacudió la cabeza en señal de negación.
Los dos jóvenes decidieron quedarse ya que les quemaba la curiosidad por dentro. La noche pronto se llenó de una luz mortecina y sonidos de ultratumba de los que acompañan a los muertos.
Vieron mujeres vestidas de negro con largas faldas antiguas y algunas sin zapatos, hombres con trajes grises, imágenes de vírgenes sufrientes y santos... ¡y cómo no! el cristo sufriente que salía de la lúgubre iglesia.
Cuando pensaron que ya nada podía superar esa extraña situación, apareció un grupo de militares armados con cara de pocos amigos:
-¿Qué tienen que ver estos con la iglesia?- preguntó Flora, que esta vez no susurró. Entonces oyeron una voz profunda y lejana pero de la que sentían el aliento detrás de sus cuellos:
-La iglesia siempre ha estado con nosotros desde hace siglos y nosotros con la iglesia. Cuidado con lo que habláis, aquí estáis lejos de casa- Y soltó una carcajada.
Los dos hermanos decidieron ir con cuidado y disimularon como si aquello no fuera con ellos y no hubieran escuchado el extraño mensaje. Se fueron a inspeccionar a lo largo y a ambos lados de la procesión como dos inofensivos turistas. Y entonces la idea les vino caída del cielo: ponerse a hacer fotos para inmortalizar el momento y así enseñárselas a sus padres para que supieran lo que habían contemplado esa extraña noche. Hicieron fotos y más fotos a todo y a todos. Se las mostrarían a sus padres y les contarían el inquietante suceso.
Por fin dejaron de salir peregrinos del santuario, ya no quedaba casi nadie por la calle y decidieron marcharse. Llegaron a casa exaltados y asustados tras una alocada carrera. Descargaron las fotos en el ordenador y se dispusieron a enseñárselas a su madre.
-Ven mamá mira la procesión que vimos- ella se acercó al ordenador
-Tienes que tocar el "Enter" para verlas- dijo Flora
-Son muy interesantes, hay gente rarísima por todas partes- dijeron ellos emocionados mientras se iban a la cocina a asaltar la nevera pues se sentían hambrientos.
- ¿Qué gente? - preguntó la madre extrañada. Los edificios son muy bonitos pero ... aquí no hay nadie.
- ¿De qué estás hablando?- le chilló Skay
- Esas bromas no me gustan, si digo que no hay nadie es que no hay nadie- insistió la madre.
En seguida salieron de la cocina para aclarar qué pasaba. Pero cuando llegaron a asomarse a la pantalla contemplaron perplejos unas calles desiertas y unos edificios fantasmales. Era verdad, en las fotos no había ni un alma.
Entonces, ¿que había pasado? no se atrevieron a volver a salir de casa por las noches. Era una ciudad demasiado misteriosa.
viernes, 14 de mayo de 2010
La sociedad de 1860
Enseguida me he levantado con más fuerza que nunca, me he lavado la cara, me he vestido, y me he ido al campo de trigo a trabajar.
Se aprovechan de nosotras, se piensan que por tener que arrancar los rastrojos con las manos, somos menos que los terratenientes.
A las cinco de la tarde he llegado a casa, he ayudado a mi madre a ordeñar las vacas, y por fin después de todo el día sin comer nada me he bebido un vaso de leche y me he comido un trozo de pan hecho en casa. Después de hablar con ella me he ido a la cama esperando a que se terminara el día de una vez, aun sabiendo que todo mañana sería lo mismo.
En esta época todos somos campesinos. Nosotras somos campesinos libres, que cultivamos unas tierras de un terrateniente. Cultivamos las tierras a cambio de comida o un salario aunque éste sea bajo. También hay siervos que no pueden marcharse de las tierras a las que pertenecen cuando los terratenientes venden las tierras los siervos se quedan en ellas. Su situación es la peor.
Nuestra economía esta basada en la agricultura y la ganadería, cultivamos cereales, centeno, cebada y también árboles frutales.
Por otra parte nos dedicamos a la ganadería, es decir, cuidamos los animales de los terratenientes pero también tenemos tierras comunales del pueblo donde podemos alimentar libremente a nuestros animales.
A día de hoy, las ciudades son escasas y no son tan grandes como las que quizá habrá en el futuro. Londres tiene un millón de habitantes. París ya llega al medio millón y solo veinte ciudades alcanzan los 100.000l habitantes.
Por el contrario, hay muchas aldeas y pueblos, donde vivimos la mayoría de nosotros. Sin embargo tenemso alguna relación con la ciudad.
En los pueblos cultivamos cereales y se cría el ganado pero en las ciudades se comercializan los productos agrícolas. En ellas los artesanos elaboran productos muy diversos. Los artesanos y tenderos venden herramientas, muebles, etc... a los campesinos. También hay abogados relacionados con las propiedades privadas y mercaderes que compran telas y encajes a las mujeres de las aldeas para revenderlos.
Actualmente nuestra esperanza de vida es corta, llegamos tan sólo a los 30 años. Queremos tener muchos, muchos hijos. Así aseguramos el poder atender los campos. Cuanto más brazos hay en casa más tierras podremos trabajar.
Por eso nuestras familias son numerosas, sin embargo la mortalidad infantil es alta. Además la fiebre puerperal se lleva a muchas de nuestras mujeres en el parto. ¡Pobrecillas!
Vivimos tiempos difíciles, porque a todo esto se juntan las epidemias, las hambrunas y las guerras.
Hoy en día los viajes son muy caros. Ir por tierra es caro y lento. En llegar a la ciudad que está a cuarenta kilómetros tardamos un día entero.
Con gran diferencia las noticias llegan más rápido a los puertos. Incluso es más barato y rápido el viaje por mar que por los caminos. No tenemos dinero para viajar y normalmente, nos quedamos a vivir siempre en el mismo sitio.
Nuestros viajes son cortos, los mercaderes y comerciantes van de las ciudades a las aldeas y los campesinos hacemos el viaje al revés para vender nuestros productos y comprar sus herramientas.
jueves, 13 de mayo de 2010
Un día de 1860 en Benissa
Enseguida me he levantado con más fuerza que nunca, me he lavado la cara, me he vestido, y me he ido al campo de trigo a trabajar.
Se aprovechan de nosotras, se piensan que por tener que arrancar los rastrojos con las manos, somos menos que los terratenientes.
A las cinco de la tarde he llegado a casa, he ayudado a mi madre a ordeñar las vacas, y por fin después de todo el día sin comer nada me he bebido un vaso de leche y me he comido un trozo de pan hecho en casa. Después de hablar con ella me he ido a la cama esperando a que se terminara el día de una vez, aun sabiendo que todo mañana sería lo mismo.
miércoles, 12 de mayo de 2010
Un dia de playa
-Oye tú, una amiga mía quiere conocerte.
-¿ Quien, quien, es atractiva?- pregunté yo.
Me levanté rápidamente de la toalla y me acerqué a ella nadando ya que se encontraba dentro del mar.
Cuando me aproximé a la chica y la vi de cerca me di cuenta que era la mujer de mis sueños. Tenia el pelo ondulado como las caracolas, los ojos azules como el mar Caribe, los labios carnosos y rojos como el coral. Su único vestido era un collar de perlas que brillaba alrededor de su cuello. ¡No llevaba nada más!
Intenté acercarme a ella y le dije:
-¡Eres preciosa! y volví a repetir suspirando:
-¡Eres preciosa! Ella no me contestó pero yo le pregunté:
- ¿Vamos a nadar juntos? Ella se zambulló, me salpicó y se fue nadando.
Fui tras ella pero a pesar de que soy un gran nadador, no la alcanzaba.
- No me hace gracia que una chica me gane en algo-pensé. Por eso pataleé con todas mis fuerzas,pero ¡Ni por esas logre alcanzarla!
Cuando agotado me decidí a salir del agua, sentí como una mano suave me cogió y me sumergió dentro del agua y me mostró un precioso paraíso submarino.
- Pero yo no podía respirar dentro del agua, mis pulmones se encharcaban, iba a morirme.
Sofocado abrí rápidamente los ojos y me di cuenta que estaba en mi cuarto tumbado en la cama. Me sentía exhausto.
Sin embargo aunque sabía que había tenido un sueño, no lo recordaba.
Cuando me di la vuelta para cambiarme de posición me encontré con un collar que no paraba de brillar debajo de la almohada.
- Esto me suena - dije yo - Y al momento recordé su rostro.
- ¡Ojalá todas las noches fueran como la de hoy!- deseé. Un escalofrio recorrió mi espalda.
-¿Como habia llegado el collar hasta aqui?

martes, 11 de mayo de 2010
Por los aires
Sin embargo había conseguido que su hermano mayor se los comprara y cuando su padre vió lo que tenía, le dijo:
-Te va a explotar en la mano- Pero el chico seguía a su bola, fue a su madre y le insistió:
- ¿Dáme otro petardo? .
- ¿Y si te explota?- le contestó la madre.
- No tengo miedo.
Entonces sin hacer caso se fue directo a la caja, cogió un petardo y prendió la mecha. Su padre que se dió cuenta le regañó, y el chico se paralizó, y no se dió cuenta de que estaba a punto de explotar.
El estallido alertó a todos a su alrededor pero ya era tarde.
Pedrito tenía la mano ensangrentada y lloraba.
En seguida su padre llamó a una ambulancia, se lo llevaron al hospital y los médicos le anestesiaron. Y mientras, afuera, sus padres estaban discutiendo por culpa del chico:
- ¿ Por qué le has dado ese petardo?- dijo el padre.
- Porque me lo ha pedido ¿porque tiene que tirar petardos, que es un niño?- contestó ella.
- Sí pero no de ese tamaño tan grande, tendría que tirar los suyos, los chinitos -dijo él.
- Sí hombre, esos son de cobardes - concluyó ella.
Pero cuando entraron otra vez al hospital a ver a su hijo. El médico les llamó a parte y les dijo:
- Señora, tengo que comunicarle una mala noticia: "Su hijo ha perdido dos dedos de la mano izquierda".
- No - gritó la madre desesperada.
-¿Doctor? qué dedos son- preguntó el padre muy asustado.
- Ha perdido el índice y el dedo corazón: -contestó el médico.
- !No puede ser!- respondió la madre.
- Doctor, podemos verlo.- preguntó el padre.
- Sí .
Cuando los padres del chico entraron en la habitación y lo vieron tumbado en la camilla con la mano izquierda vendada, la madre se desmayó.
El niño y su madre se despertaron al mismo tiempo y se miraron en silencio durante largo tiempo. Ninguno dijo nada y siguieron así para siempre. No hablaron nunca más.
La fallera ardiente
-¡Por fin puedo estrenar uno propio después de tantos años! - proclamaba a quien quisiera oírla dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
-Pues ahora, cuídalo que no se te rompa que te tiene que durar unos cuantos años más - Le lanzó Daniel con una sonrisa maligna.
La creída fallera le pegó una colleja y le dijo:
- ¡Cállate, que con lo cenizo que eres!... Y se marchó junto a su padre que estaba cocinando una paella con leña en medio de la calle. Nosotros nos quedamos mirando la falla con disimulado desprecio en lo que yo le comenté:
- ¡Por lo que se ve este año no tenían mucho presupuesto!... - expresé con fingida desilusión ya que me alegraba de que no fuera una gran falla como otros años. Unos niños algo puñeteros se pusieron a tirar incómodos petardos dónde estábamos nosotros. Dani empezó a poner su típica cara de agobio y me dijo al oído:
-¡Sácame de aquí o no respondo de mis actos! Nos fuimos un poco lejos de aquella aglomeración de festeros excitados y observábamos a la ostentosa fallera divirtiéndose con todo el mundo sacándose una foto tras otra, al lado de su padre que bebía un copioso vaso de wisky y ya iba algo bebido.
Los gamberretes tiraron un petardo de gran calibre justo a los pies del señor que se asustó y arrojó sin querer se le cayó el wisky en el fuego, la llama se avivó y entró en contacto con el vestido de seda de su hija.
Ella empezó a gritar:
-¡Apágalo, apágalo!
El padre borracho como estaba tropezó y tiró el resto del vaso sobre la ardiente fallera, que corría y corría hasta que se acercó tanto a la traca que se prendió; llegó al lado de la falla y presa del pánico huyó hasta que sin darse cuenta llegó junto al pequeño montón de muñecos, que al momento empezaron a arder con la fallera dentro, saltando porque se le quemaban los pies.
A lo lejos estábamos Daniel y yo observando con la boca abierta, aquel circo, aquella cremá inesperada que se había montado en tan pocos segundos.
Y mientras mi amigo se reía las llamas le iluminaban la cara, Amparito puso cara de felicidad y le cayó una lagrimita. Todos exclamamos:
- Oh!
El público se quedó absorto con el espéctaculo y cayó en trance hasta que la fallera se convirtió en cenizas.
-¡Ahora sí que es una falla con presupuesto!- remató irónicamente el perverso Dani.
domingo, 9 de mayo de 2010
…Siempre llama dos veces
El día 18 de marzo un grupo de amigos se fueron a ver el castillo de fuegos artificiales. Entre ellos había un chico, llamado Mario, algo tímido que parecía que estaba muy decaído por algo.
Todos estaban ilusionados de que empezase el espectáculo pero el ya no tenía ningún interés en todo lo que hacían , parecía que estuviese esperando algo o mejor dicho a alguien.
De repente notó unos golpecitos en la espalda, se volvió y se le puso la cara sonriente. Parecía que la persona por la que estaba triste, había aparecido de la nada y se sintió como si estuvieran solos en el mundo. Una intensa luz iluminaba el rostro de ella , él la contemplaba y ella le devolvía las miradas. A menudo giraba la cabeza para disimular que estaba pendiente de ella y no del castillo. Al acabar, cuando salían del parque del río les tiraron unos cohetes borrachos y aprovechó para salir corriendo de esa zona cogidos de la mano.
Después, los amigos del joven iban a acudir a una verbena pero a Marta no le dejaban
- Si queréis que vaya con vosotros tendréis que pedir permiso a mi padre.
- Vale, iré a preguntarle. -respondióMario. Aunque sentía mucha vergüenza se fue a hablar con él y volvió con cara de satisfacción.
-¿ Qué ha dicho ? preguntó Marta.
-Te dejan una hora más.
A partir de ese instante, vivieron unos momentos maravillosos de risas y sensaciones nuevas. De repente dijo la muchacha:
- Tengo que marcharme ya.
- Te acompañaré hasta tu casa.
Después de despedirla se volvió a la verbena, feliz y contento a buscar a sus amigos. Al poco tiempo los encontró.
- ! Eh tío ya estoy aquí ! He encontrado a la chica de mis sueños. Hemos estado juntos durante todo el castillo nos lo hemos pasado superbien, hasta nos hemos cogido de la mano y al despedirla le he dado un beso.
Su amigo le miró con una cara de asombro y con la boca abierta.
-¿Qué?¿por qué me miras así? - le preguntó
-!Estás loco! ¿Qué me estas contando? Si has pasado toda la noche con nosotros- le anunció impaciente.
-No me tomes le pelo, qué no estoy de cachondeo.
-No estoy de cachondeo. Eres tú el que está contando mentiras - afirmó el colega
Mario se fue a una esquina, triste, inseguro y humillado. ¿Lo deseaba tanto que le había parecido real?
Después de un rato admitió que probablemente no habían estado juntos, que seguramente no había hablado con su padre, que tampoco la había besado ni habían reído sintiéndose felices.
Nunca se había sentido tan abatido cuando de pronto notó que alguien le daba unos golpecitos en la espalda.
viernes, 7 de mayo de 2010
Autobús nocturno
¡Qué mala suerte! No contábamos con saldo, ni batería en el móvil y mucho menos con dinero para un taxi, y encima eran ya mas de las doce.
Entonces mi amiga me dijo:
- ¿Y ahora qué hacemos, Laura?
- No sé. Esperar a ver si pasa algún autobús.
- ¡Pero qué pretendes! ¿Que nos quedemos aquí durante mas de cinco horas hasta que a las seis o así, que es cuando pasa el primero, pase?
- ¡No! Ahora pasará el nocturno, creo...
Estuvimos hablando y asustadas de la situación en la que estábamos envueltas: tiradas, solas, sin dinero, sin saldo... Expuesta a todo tipo de ladrones, criminales y violadores.
De pronto empezó a soplar un vendaval... ¡Y nosotras sin chaqueta! Después de media hora ateridas y temblorosas, por fin, se detuvo el viento. Pero empezó a llover a cantaros. Nos refugiamos en vano debajo de la marquesina, muertas de frío porque nos mojábamos igual. Mirábamos a derecha e izquierda para comprobar qué eran esas sombras que tanto se movían.
De repente un ruido de motor nos hizo saltar de aquel asiento, nos miramos entre nosotras y nos abrazamos porque venia el autobús. Subimos corriendo a sentarnos y pensar que volvíamos a casa, sanas y salvas, nos hizo reír a carcajadas. Comenzamos a recordar las aventuras que habíamos vivido aquella noche.
Cuando ya nos tocaba bajar, nos levantamos y tocamos el botón de parada. De golpe el autobús paró, pero la puerta no se abría y entonces pregunté:
- ¿Oiga? ¿Qué pasa? ¡No nos diga que se ha estropeado el mecanismo? ¿Oiga? ¿Oiga?
Como nadie me contestaba, me acerqué a ver que le pasaba. Y descubrí que... ¡No había conductor! Entonces el autobús arrancó y aceleró muchísimo, tanto que casi no nos podíamos mantener de pie. Nosotras llorando desconsoladamente intentábamos no caernos. Yo me puse a pensar: - “Tiene que haber una salida... ¡La Salida de emergencia!
Miré a mí amiga y le chillé:
- Aprieta el botón.
- ¿Pero que botón?
- ¡El botón de la salida de emergencia!
Ella lo pulsó y se escuchó el típico ruido del escape de aire comprimido pero no se abría la puerta. Al lado del botón leí el cartel: “Presione el botón y empuje la puerta” Y yo le grité:
- ¡Empújala! Ella me hizo caso pero empujó sólo un poquito. Entonces yo me eché sobre ella con todas mis fuerzas y las puertas se abrieron de par en par. Salimos volando atemorizadas por lo que nos estaba pasando.
Miramos a todos lados para reconocer el lugar, pero estábamos perdidas en la nada. Cuando giré la cara para ver el autobús... ¡había desaparecido!
¿Dónde estaba el autobús? Pero sobretodo... ¿Dónde estábamos nosotras?
miércoles, 5 de mayo de 2010
¡Gran banquete!
Clara, nerviosa, comenzó a buscar su nombre:
- ¿Donde estará?¿estará aquí?-
yo, la miré y le contesté :
-Si buscas tu nombre esta en la mesa de los tíos-
- Ya lo se, ya me había visto
- ¡Seras idiota si llevabas media hora buscándolo!
- Pues no porque estaba mirando otra cosa.
La dejé con sus asuntos y pasé de ella totalmente. Mientras yo pensaba en mis cosas, mi hermana saltaba entre las mesas como una loca y al final gritó:
-¡Bieeeen ! aquí estoy- me dió tal vergüenza que rápidamente le repliqué:
-¡ Bieeeen!!¿ qué has descubierto?¿ América?- a su alrededor se oyó un murmullo de risas. Mi hermana se sentó mirándome con cara malvada mientras yo también me reía.
Cuando estábamos sentados en la mesa, de repente una música penetrante empezó a sonar. Me di cuenta que eran los camareros que entraban con las bandejas de comida llenas hasta arriba. A Clara le pusieron una pata de cordero con patatas, ella tenía hambre y acto seguido empezó a comer como una cerda en una pocilga, cogió la pata con las manos y le pegó varios bocados, llenándose la boca hasta las trancas y yo como no podía soportarlo le repliqué:
- Cochina ¿no sabes comer como las personas?
- Si ya lo hago, lo estoy haciendo como los demás - yo miré a mi alrededor y me di cuenta de que me tomaba el pelo y que ella era la única cerda de aquel lugar.
- Ja,ja,ja-soltó una gran carcajada con toda la boca llena de esa pasta de carne y patatas.
- ¡Qué asco !- pensé
El segundo plato nos lo sirvieron al momento de acabar el angustioso primero. Era pescado, y tenía muy buena pinta. La dorada estaba muy buena y, esta vez sí , la Cerda ¡perdón! mi hermana, se la estaba comiendo con tenedor y cuchillo, pero de pronto le vino un repentino estornudo y toda la comida que llevaba en la boca fue a parar a mi vestido negro adornado con una flor blanca. Me levanté muy enfadada y fui a quitarme toda esa asquerosa pasta del vestido.
Cuando entré, un retumbante silencio inundaba todo el baño, me miré al espejo y curiosamente apenas tenía nada en el vestido y ni me lo limpié. Me quede atónita porque pensaba que llevaba restos pero se me habrían caído al andar camino del baño, no lo se.
Al salir del baño me encontré con algo peor. El camarero estaba lanzando desde la puerta de la cocina las tartas con mucha maña pero como si fueran frisbees al tiempo que decía:
-tarta va... para la señora "empaná" - y lo lanzó a la derecha
-tarta vuela ... para la abuela - y lo envió a la mesa
-tarta baja... para la mujer que trabaja- y llegó hasta la mesa de los novios
-tarta flota .... para la niña idiota- y la lanzó justo a la mesa donde estaba mi hermana
Todo el mundo se rió porque sabían, naturalmente, se refería ella. Entonces llamé su atención para que me mirara y se despistase de la tarta que se le venía encima:
-¡ Cuidado,Clara, cuidado!- grité con fuerza y conseguí distraerla.
-¡Plafff!..- hizo el dulce en toda la cara de Clara.
Toda la gente estalló en carcajadas pero ella atrapó un palto y me tiró otra porción a mi y sin apenas darnos cuenta todos los invitados se estban lanzando pasteles de todo tipo a la cara, a los ojos, a los escotes, a los bigotes... ¡a todo el cuerpo! Era un frenesí, la tomatina de Buñol, la batalla del merengue...
Sofocadísima, me fui al baño para protegerme y quitarme la tarta de la cara pero cuando me miré al espejo...
¿No tenía nada? estaba tan limpia como si nada me hubiera alcanzado.
Entonces salí fuera a comprobar que todo el mundo estaba pringado de arriba a abajo pero para mi sorpresa, los convidados charlaban con toda tranquilidad, ni siquiera habían servido el primer plato y estaban picando los primeros entrantes del banquete.
martes, 4 de mayo de 2010
Esperanza de alambre.
- ¿Pero qué...? ¿A dónde ha ido? ¿Dónde está? ¡Oh no, lo he perdido! ¿Qué es ese estruendo? ¡Maldito despertador..! - Era hora de ir al instituto.
Vi a lo lejos a mi novio Álex que se me acercaba. Noté en su cara que estaba preocupado por algo y es que un año y medio de relación comenzaba a dar su fruto.
-¿Qué te pasa?-le pregunté.
-Ayer por la noche discutí con mi padre- agachó la cabeza apenado e hizo un gesto de seriedad- fui muy cabezota pero no sabía nada de la situación en la que se encontraba.
Y continuó arrepentido:
- Le pedí diez euros para pasar el fin de semana. Al negármelos me enfadé, me dijo que no tenía dinero pero como yo le insistí tanto.. comenzamos a discutir a gritos.
-¿Te ha castigado?-. Musité..
- No. Me fui a dar una vuelta yo solo para despejarme y cuando volví a casa mi madre me aclaró que a mi padre le habían echado de la fábrica.
Hice un gesto de sorpresa ya que Félix siempre había sido un hombre trabajador, fuerte y bondadoso con sus compañeros de empresa y también con su jefe.
Me fastidiaba ver a Álex tan hundido, pues normalmente sonreía mucho y su vida estaba basada en una fiesta constante. Por ayudarle se me pasaban muchas ideas por la cabeza pero escogí una. Aunque no me terminaba de convencer mucho, se la dije:
-¿Y por qué no le haces un regalo de cumpleaños?, tengo entendido que es dentro de poco, ¿me equivoco?.
-Sara, no sé si me dará tiempo a ahorrar algo. Si mi cartera tiene telarañas de lo vacía que está.
Me hizo gracia su comentario una décima de segundo porque conocía bien lo que era estar sin un céntimo. Sin embargo estaba dispuesta a todo para conseguir un regalo decente para su padre y que de este modo le pidiera perdón de manera afectiva.
-¿Y si te presto yo el dinero? No tengo prisa, ya me lo devolverás- dije impulsivamente.
- Ya veremos. Primero tendré que mirar el regalo y preguntar cuánto cuesta. Se que estás preocupada por mí y que quieres hacer todo lo posible por ayudarme. ¡Lo siento! no debería haberte contado esto.
- No te preocupes. Al salir de clase iremos a casa a dejar las mochilas y quedaremos a las cinco en la puerta del garaje.
- Vale, me parece bien.
- Adiós - me despedí con una risa de satisfacción.
A la hora acordada, corrí a casa a dejar la mochila, le comenté rápidamente a mi madre la situación para que me dejara salir y lo entendió. Agarré una manzana del frutero y me largué sin coger las llaves ni el móvil. No había tiempo.
Cuando aterricé en la esquina de la calle, vi que Álex ya me estaba esperando.
-He cogido cinco euros para hacer una parada en algún sitio y descansar un poco.
-Yo sólo tengo unas monedas que me sobraron del otro día.
-No hace falta que te las gastes. Hoy, invito yo. -Le dije decidida.
Nos dirigimos hacia los centros comerciales más próximos. Fuimos en metro al centro de la ciudad y paramos diez minutos en la primera cafetería que encontramos para tomarnos un gofre con sirope de chocolate y una bola de helado de nata. Al subir pensé que podríamos encaminarnos a un callejón que nos llevaba directamente a un MN4 enormemente grande. Estaba preocupada porque Álex temía que nunca encontraríamos nada que le pudiera gustar a Félix.
- ¡No seas pesimista!-. Le animé con una sonrisa de oreja a oreja.
- Es que no se si encontraremos algo. Mi padre es mas raro que un perro verde. Además, no tengo mucho dinero. Más bien, nada.
- Verás como sí. Por el dinero no te preocupes, tengo algunas monedas en el bolsillo de lo que me ha sobrado antes.
En lo que Alex me hablaba, yo, como de costumbre, iba mirando al suelo.
Pasamos por delante de la puerta de un bar donde había un hombre colgando un cartel de menú. Justo en frente de la puerta, en el bordillo del bar, capté de refilón con la mirada un rectángulo amarillo, reluciente y limpio de cualquier pisada. Mi novio me seguía hablando sobre como podía conseguir algo de dinero. Tras pasar de largo reaccioné instantáneamente y le pregunté a Álex:
- ¿Eso era un billete de doscientos euros?
Se paró en seco y dío marcha atrás para comprobarlo. Lo cogió con sumo cuidado y cuando me lo enseñó y le dió la vuelta para comprobar la marca de agua, pudimos observar desilusionados que tan sólo se trataba de un folleto de propaganda.Un simple y mísero billete falso.
- Nos hubiera venido tan bien ese billete...-. Me dijo con decepción en su voz. - ¡Y pensar que creía en los golpes de suerte!.
- Lo sé pero nunca hay que perder la esperanza. La esperanza es lo último que se pierde.
Quise animarle pero dado que era tan cabezota, me resultaba imposible.
Pasábamos por delante de una peluquería china cuando al lado descubrimos a un mendigo que yacía junto a un cesto hecho de hojas secas de palmera, colocado exprsamente para que le echasen monedas.
Vestía con harapos sucios y medio rotos. Tenía pinta de llevar un número considerable de años en la calle. Sus manos estaban sucias y cuarteadas, las astilladas uñas eran de color carbón. El pobre construía bicicletas de alambre de colores y con la mitad del poco dinero que sacaba de ellas, debía comprar el material. Cortaba el fino metal con sus propios dientes y les daba con sus dedos la costosa forma de bicicleta, más grande o más pequeña.
Gritaba a pleno pulmón que era la 'Bicicleta de la buena suerte'. Tuve la gran idea de comprar una de ellas como regalo para su padre, así al menos no volveríamos a casa con las manos vacías.
- ¡Pues yo creo que es una tontería! Un engañabobos - Me dijo Alex medio refunfuñando.
- Puede que no tengamos dinero suficiente para comprar un lujo pero si compramos esto, al menos algo es algo. ¡Venga!. A lo mejor la bici le da suerte de verdad y encuentra trabajo pronto -Le dije esbozando una amplia sonrisa.
- ¡Haz lo que quieras Sara!- Dijo .- Pero creo que todo esto es una pérdida de tiempo.
Noté que se enfadó.
Nos acercamos al mendigo y le pregunté cuánto valía la figurita de alambre más pequeña:
- Dos euros y medio - Nos dijo. Nos escarbamos los bolsillos y entre los dos conseguimos reunir las monedas
- ¡Vaya, tenemos el dinero justo! ¡Menos mal!-Me alegré , pero mi novio seguía igual de cabezota. Por otra parte, no sabía bien que hacer para que creyera en la poca esperanza que me quedaba.
Dudaba si comprarla. Me decidí:
- ¡Vale!, dame una pequeña.
Pagamos la bicicleta y nos dirigimos a casa mientras la sostenía con el máximo cuidado posible.
Fue tal mi delicadeza al cogerla que me quedé quieta mirándola y entonces una masa de gente que se acercaban corriendo a un concierto de Alejandro Sanz que se celebraba en la plaza de toros, empujó a Alex y lo separó de mí. Nos perdimos el uno del otro. Entonces alguien me empujó por detrás de forma y manera que la figurita cayó al suelo y la ví desaparecer entre los pies de la abalancha. Temí por ella.
Busqué con la mirada a mi novio desesperadamente. Pensé que tal vez se había enfadado y se había ido.
Cuando se disipó el gentío, logré localizarlo aguardándome apoyado en una valla amarilla que hacía publicidad de una marca de cerveza. Tiré a andar dando a suponer que ya no encontraría la bicicleta cuando de repente la ví. Tenía una rueda desprendida y pisoteada. El color de los alambrillos se había quitado casi por completo y el manillar estaba prácticamente torcido. Más bien, aquello se había convertido en un nudo de alambres. No se terminaba de apreciar la forma.
¡Si la viera Alex! Estaba segura de que si veía el estado en el que había quedado la bici, se enfadaría mucho más.
Me agaché a cogerla... ¿Qué es eso? Había un papel plegadito en la bicicleta. Lo desplegué.
- ¡Increíble!¡Un billete de 500 €!- Brinqué de la alegría.
- ¡Alex, Alex! - Le llamé. - Mira Alex, con esto sí que podremos comprarle el regalo a tu padre.
- ¡Oh vaya!¡Un verdadero billete de 500!
Era un momento sobrenatural, al menos desde nuestro punto de vista, y es que no nos imaginábamos ninguno de los dos como podía haber llegado hasta allí semejante cantidad de dinero y a quien se le podría haber caído. Parecía que alguien lo hubiera introducido milagrosamente entre los finos alambres.
Le dí a Alex el dinero para que lo guardase en su bolsillo y entramos en una tienda de antigüedades de camino a casa. Dentro de ella vimos el regalo perfecto una perfecta pluma con un tintero del Valencia. Era preciosa. La compramos sin dudarlo.
Por supuesto, no nos olvidamos de Ángel, el vagabundo que nos vendió el amuleto. Mientras yo le invitaba a una docena de bocadillos de los que venden en el Mercadona acompañados de cinco botellas de agua, Alex se empeñaba en buscar carteles de trabajo para nuestro salvador. Cuando acudió a la puerta de entrada nos informó:
- Sara, he encontrado un cartel de 'Se necesita camarero con urgencia, proporcionamos uniforme, estancia en hotel y cubrimos con todos los gastos del equipaje'
- ¿Uniforme, hotel, equipaje? - Dijo Ángel sorprendido.
- Sí. Parece que se trata de un trabajo de azafato. Sólo tienes que llamar a este número de teléfono y acudir donde te digan.
- Llamaré con las pocas monedas que gano. A día de hoy, necesito este trabajo.
Nos despedimos del pobre hombre y nos dirigimos a casa.
- Gracias por todo - me dijo Alex. - No sé que habría hecho sin ti.
- No tiene importancia- Me sonrojé. Me abrazó y me dijo que me quería. Se despidió de mí y me besó.
Alex por fin consiguió hacer las paces con Félix, cosa que me alegró bastante. Le prometió que jamás se volvería a repetir algo así.
Con todo lo que nos sobró del dinero, lo repartimos entre los dos, invitamos a nuestras familias a comer en un bar para que se conocieran. El resto, lo donamos a una ONG que ayuda a personas sin hogar, como nuestro amigo.
¡Gracias a él había cambiado nuestra suerte! No le volvimos a ver.
Sin embargo al mes siguiente, Álex recibió un curioso correo electrónico:
-'Hola chicos, quería daros una vez más las gracias por ayudarme el mes pasado. De verdad que fuísteis muy generosos; poca gente se acuerda de mi cuando les vendo una bicicleta. Espero que hayáis entendido por fín que vuestro gran corazón ha sido la razón de vuestra suerte.
Sigo volando por el mundo. Hoy en Tailandia, mañana en Canadá..! Pero lo que nunca cambio es mi oficio de fabricante de bicicletas de la fortuna.
¡Mantener la buena suerte es cuestión de bondad! Ya sabéis como...
Un Ángel'.

Han pasado los años.
Alex y yo aun conservamos el valioso juguete posado en el aparador de nuestra casa. Nuestros hijos nos piden a menudo que les contemos una y otra vez aquella maravillosa história de la bicicleta.
Bicicleta que el hombre nos pintó y arregló de nuevo.
domingo, 2 de mayo de 2010
Deseo cumplido
Sin embargo aquel día el trayecto se me hacía interminable. Sin interrupción andábamos y andábamos, me empezaron a doler terriblemente los pies, notaba demasiado calor, el cuerpo me pesaba cada vez más y más, sentía que el mundo se me caía encima cuando de pronto encontré un atajo, sin dudarlo seguí el camino que sorprendentemente terminaba en mi casa.
-¿Pero que hacía allí?-pensé. No se cómo pero me sentía llena de energía, comencé a ordenar mis cosas, no podía parar de limpiar, cuando de repente escuché que mi padre rebuscaba entre las llaves.
-¿Cómo podía ser si mi padre ya no conducía?-pensé y me volví hacia él. Efectivamente allí estaba y charlamos un ratito de nuestras cosas, de hecho hacía mucho tiempo que no podíamos a causa de su odiosa enfermedad! …
De pronto, una luz brillante me cegó, una música ensordecedora atronó mis oídos, pero el colmo fué contemplar aquella montaña de colores deslumbrantes y chillones, me asusté tanto que pegué un grito descomunal y estallé en llantos.
-Helena, pídele un deseo a la Virgen corre- me urgía mi amiga Carolina.
Como una autómata le entregé mi ramo de flores a un hombre, mientras le daba las gracias a la virgen por el deseo que acababa de concederme: volver a hablar con mi padre, deseo que ambas sabíamos que era muy difícil.
Cuando salimos de la plaza Carolina me preguntó:
-¿Qué te ha pasado?
-No lo sé, dímelo tú- le contesté todavía trastornada.
-Se que es imposible pero parecía que te habías quedado dormida.
Dormida no, sino viendo que la Virgen me concedía lo que más deseaba.