Dos jóvenes extranjeros salían a dar un paseo, cuando vieron a un montón de gente y se acercaron.
Escay y Flora que nunca habían visto lo que ante sus ojos se perpetraba.
-¿Sabes lo que es todo esto?- Susurró para que no se enteraran los demás, querían evitar que les miraran con ojos extraños.
Flora que estaba igual de asombrada que él, sacudió la cabeza en señal de negación.
Los dos jóvenes decidieron quedarse ya que les quemaba la curiosidad por dentro. La noche pronto se llenó de una luz mortecina y sonidos de ultratumba de los que acompañan a los muertos.
Vieron mujeres vestidas de negro con largas faldas antiguas y algunas sin zapatos, hombres con trajes grises, imágenes de vírgenes sufrientes y santos... ¡y cómo no! el cristo sufriente que salía de la lúgubre iglesia.
Cuando pensaron que ya nada podía superar esa extraña situación, apareció un grupo de militares armados con cara de pocos amigos:
-¿Qué tienen que ver estos con la iglesia?- preguntó Flora, que esta vez no susurró. Entonces oyeron una voz profunda y lejana pero de la que sentían el aliento detrás de sus cuellos:
-La iglesia siempre ha estado con nosotros desde hace siglos y nosotros con la iglesia. Cuidado con lo que habláis, aquí estáis lejos de casa- Y soltó una carcajada.
Los dos hermanos decidieron ir con cuidado y disimularon como si aquello no fuera con ellos y no hubieran escuchado el extraño mensaje. Se fueron a inspeccionar a lo largo y a ambos lados de la procesión como dos inofensivos turistas. Y entonces la idea les vino caída del cielo: ponerse a hacer fotos para inmortalizar el momento y así enseñárselas a sus padres para que supieran lo que habían contemplado esa extraña noche. Hicieron fotos y más fotos a todo y a todos. Se las mostrarían a sus padres y les contarían el inquietante suceso.
Por fin dejaron de salir peregrinos del santuario, ya no quedaba casi nadie por la calle y decidieron marcharse. Llegaron a casa exaltados y asustados tras una alocada carrera. Descargaron las fotos en el ordenador y se dispusieron a enseñárselas a su madre.
-Ven mamá mira la procesión que vimos- ella se acercó al ordenador
-Tienes que tocar el "Enter" para verlas- dijo Flora
-Son muy interesantes, hay gente rarísima por todas partes- dijeron ellos emocionados mientras se iban a la cocina a asaltar la nevera pues se sentían hambrientos.
- ¿Qué gente? - preguntó la madre extrañada. Los edificios son muy bonitos pero ... aquí no hay nadie.
- ¿De qué estás hablando?- le chilló Skay
- Esas bromas no me gustan, si digo que no hay nadie es que no hay nadie- insistió la madre.
En seguida salieron de la cocina para aclarar qué pasaba. Pero cuando llegaron a asomarse a la pantalla contemplaron perplejos unas calles desiertas y unos edificios fantasmales. Era verdad, en las fotos no había ni un alma.
Entonces, ¿que había pasado? no se atrevieron a volver a salir de casa por las noches. Era una ciudad demasiado misteriosa.