
Mi hermano Joan trabaja como aprendiz en un taller artesano de la ciudad de Alicante. Está dirigido por un maestro y dos oficiales, que se dedican a la fabricación de objetos de metal. Pertenece al gremio de los herreros.
Joan es un simple aprendiz pero intentará llegar a maestro y montar su tienda aunque es díficil pasar las pruebas, conseguir los avales y sobretodo ser aceptado por el gremio. Sin embargo no existe la libertad de industria porque la cantidad, la calidad, el proceso de fabricación e incluso el precio de venta están regulados.
A mi me encantaría trabajar en un carpintería pero nunca podré ser oficial por el mero hecho de ser mujer. Para nosotras es díficil que te acepten para trabajar pero es imposible llegar a maestro porque no nos está permitido.
¿Algún día cambiará esta situación?