Enseguida me he levantado con más fuerza que nunca, me he lavado la cara, me he vestido, y me he ido al campo de trigo a trabajar.
Se aprovechan de nosotras, se piensan que por tener que arrancar los rastrojos con las manos, somos menos que los terratenientes.
A las cinco de la tarde he llegado a casa, he ayudado a mi madre a ordeñar las vacas, y por fin después de todo el día sin comer nada me he bebido un vaso de leche y me he comido un trozo de pan hecho en casa. Después de hablar con ella me he ido a la cama esperando a que se terminara el día de una vez, aun sabiendo que todo mañana sería lo mismo.
En esta época todos somos campesinos. Nosotras somos campesinos libres, que cultivamos unas tierras de un terrateniente. Cultivamos las tierras a cambio de comida o un salario aunque éste sea bajo. También hay siervos que no pueden marcharse de las tierras a las que pertenecen cuando los terratenientes venden las tierras los siervos se quedan en ellas. Su situación es la peor.
Nuestra economía esta basada en la agricultura y la ganadería, cultivamos cereales, centeno, cebada y también árboles frutales.
Por otra parte nos dedicamos a la ganadería, es decir, cuidamos los animales de los terratenientes pero también tenemos tierras comunales del pueblo donde podemos alimentar libremente a nuestros animales.
A día de hoy, las ciudades son escasas y no son tan grandes como las que quizá habrá en el futuro. Londres tiene un millón de habitantes. París ya llega al medio millón y solo veinte ciudades alcanzan los 100.000l habitantes.
Por el contrario, hay muchas aldeas y pueblos, donde vivimos la mayoría de nosotros. Sin embargo tenemso alguna relación con la ciudad.
En los pueblos cultivamos cereales y se cría el ganado pero en las ciudades se comercializan los productos agrícolas. En ellas los artesanos elaboran productos muy diversos. Los artesanos y tenderos venden herramientas, muebles, etc... a los campesinos. También hay abogados relacionados con las propiedades privadas y mercaderes que compran telas y encajes a las mujeres de las aldeas para revenderlos.
Actualmente nuestra esperanza de vida es corta, llegamos tan sólo a los 30 años. Queremos tener muchos, muchos hijos. Así aseguramos el poder atender los campos. Cuanto más brazos hay en casa más tierras podremos trabajar.
Por eso nuestras familias son numerosas, sin embargo la mortalidad infantil es alta. Además la fiebre puerperal se lleva a muchas de nuestras mujeres en el parto. ¡Pobrecillas!
Vivimos tiempos difíciles, porque a todo esto se juntan las epidemias, las hambrunas y las guerras.
Hoy en día los viajes son muy caros. Ir por tierra es caro y lento. En llegar a la ciudad que está a cuarenta kilómetros tardamos un día entero.
Con gran diferencia las noticias llegan más rápido a los puertos. Incluso es más barato y rápido el viaje por mar que por los caminos. No tenemos dinero para viajar y normalmente, nos quedamos a vivir siempre en el mismo sitio.
Nuestros viajes son cortos, los mercaderes y comerciantes van de las ciudades a las aldeas y los campesinos hacemos el viaje al revés para vender nuestros productos y comprar sus herramientas.
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