viernes, 7 de mayo de 2010

Autobús nocturno

Estábamos mis amigas y yo andando hacia el hospital a ver a un amigo al que le acababan de extirpar un tumor cerebral. Después de andar mas de tres horas, que a mí se me hicieron larguísimas, llegamos al hospital y preguntamos por él. No nos dejaron verle porque estaba durmiendo y recobrándose de esa tragedia que es entrar en un quirófano. Cuando salimos de aquel horrible lugar, nos dimos cuenta de que solo teníamos un bonobús con tres viajes.
¡Qué mala suerte! No contábamos con saldo, ni batería en el móvil y mucho menos con dinero para un taxi, y encima eran ya mas de las doce.
Entonces mi amiga me dijo:

- ¿Y ahora qué hacemos, Laura?
- No sé. Esperar a ver si pasa algún autobús.
- ¡Pero qué pretendes! ¿Que nos quedemos aquí durante mas de cinco horas hasta que a las seis o así, que es cuando pasa el primero, pase?
- ¡No! Ahora pasará el nocturno, creo...

Estuvimos hablando y asustadas de la situación en la que estábamos envueltas: tiradas, solas, sin dinero, sin saldo... Expuesta a todo tipo de ladrones, criminales y violadores.
De pronto empezó a soplar un vendaval... ¡Y nosotras sin chaqueta! Después de media hora ateridas y temblorosas, por fin, se detuvo el viento. Pero empezó a llover a cantaros. Nos refugiamos en vano debajo de la marquesina, muertas de frío porque nos mojábamos igual. Mirábamos a derecha e izquierda para comprobar qué eran esas sombras que tanto se movían.

De repente un ruido de motor nos hizo saltar de aquel asiento, nos miramos entre nosotras y nos abrazamos porque venia el autobús. Subimos corriendo a sentarnos y pensar que volvíamos a casa, sanas y salvas, nos hizo reír a carcajadas. Comenzamos a recordar las aventuras que habíamos vivido aquella noche.

Cuando ya nos tocaba bajar, nos levantamos y tocamos el botón de parada. De golpe el autobús paró, pero la puerta no se abría y entonces pregunté:

- ¿Oiga? ¿Qué pasa? ¡No nos diga que se ha estropeado el mecanismo? ¿Oiga? ¿Oiga?

Como nadie me contestaba, me acerqué a ver que le pasaba. Y descubrí que... ¡No había conductor! Entonces el autobús arrancó y aceleró muchísimo, tanto que casi no nos podíamos mantener de pie. Nosotras llorando desconsoladamente intentábamos no caernos. Yo me puse a pensar: - “Tiene que haber una salida... ¡La Salida de emergencia!
Miré a mí amiga y le chillé:

- Aprieta el botón.
- ¿Pero que botón?
- ¡El botón de la salida de emergencia!

Ella lo pulsó y se escuchó el típico ruido del escape de aire comprimido pero no se abría la puerta. Al lado del botón leí el cartel: “Presione el botón y empuje la puerta” Y yo le grité:

- ¡Empújala! Ella me hizo caso pero empujó sólo un poquito. Entonces yo me eché sobre ella con todas mis fuerzas y las puertas se abrieron de par en par. Salimos volando atemorizadas por lo que nos estaba pasando.
Miramos a todos lados para reconocer el lugar, pero estábamos perdidas en la nada. Cuando giré la cara para ver el autobús... ¡había desaparecido!

¿Dónde estaba el autobús? Pero sobretodo... ¿Dónde estábamos nosotras?

No hay comentarios:

Publicar un comentario