domingo, 9 de mayo de 2010

…Siempre llama dos veces

El día 18 de marzo un grupo de amigos se fueron a ver el castillo de fuegos artificiales. Entre ellos había un chico, llamado Mario, algo tímido que parecía que estaba muy decaído por algo.


Todos estaban ilusionados de que empezase el espectáculo pero el ya no tenía ningún interés en todo lo que hacían , parecía que estuviese esperando algo o mejor dicho a alguien.
De repente notó unos golpecitos en la espalda, se volvió y se le puso la cara sonriente. Parecía que la persona por la que estaba triste, había aparecido de la nada y se sintió como si estuvieran solos en el mundo. Una intensa luz iluminaba el rostro de ella , él la contemplaba y ella le devolvía las miradas. A menudo giraba la cabeza para disimular que estaba pendiente de ella y no del castillo. Al acabar, cuando salían del parque del río les tiraron unos cohetes borrachos y aprovechó para salir corriendo de esa zona cogidos de la mano.

Después, los amigos del joven iban a acudir a una verbena pero a Marta no le dejaban ir y reclamó:
- Si queréis que vaya con vosotros tendréis que pedir permiso a mi padre.
- Vale, iré a preguntarle.
-respondióMario. Aunque sentía mucha vergüenza se fue a hablar con él y volvió con cara de satisfacción.
-¿ Qué ha dicho ? preguntó Marta.
-Te dejan una hora más.

A partir de ese instante, vivieron unos momentos maravillosos de risas y sensaciones nuevas. De repente dijo la muchacha:
- Tengo que marcharme ya.
- Te acompañaré hasta tu casa.

Después de despedirla se volvió a la verbena, feliz y contento a buscar a sus amigos. Al poco tiempo los encontró.

- ! Eh tío ya estoy aquí ! He encontrado a la chica de mis sueños. Hemos estado juntos durante todo el castillo nos lo hemos pasado superbien, hasta nos hemos cogido de la mano y al despedirla le he dado un beso.

Su amigo le miró con una cara de asombro y con la boca abierta.
-¿Qué?¿por qué me miras así? - le preguntó
-!Estás loco! ¿Qué me estas contando? Si has pasado toda la noche con nosotros- le anunció impaciente.
-No me tomes le pelo, qué no estoy de cachondeo.
-No estoy de cachondeo. Eres tú el que está contando mentiras - afirmó el colega

Mario se fue a una esquina, triste, inseguro y humillado. ¿Lo deseaba tanto que le había parecido real?
Después de un rato admitió que probablemente no habían estado juntos, que seguramente no había hablado con su padre, que tampoco la había besado ni habían reído sintiéndose felices.
Nunca se había sentido tan abatido cuando de pronto notó que alguien le daba unos golpecitos en la espalda.

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